Oceanica

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Julio, 2008

Mar 29 Jul, 2008 GMT

La Serpiente - 2 Relatos -

La Serpiente (Cuento)

Una serpiente tenía su cueva en cierta localidad.

Nadie osaba pasar por allí, pues aquellos que lo hicieron habían sido mordidos mortalmente por ella.

Cierta vez, pasó por ese lugar un santo.

Como de costumbre, la serpiente lo siguió con la intención de morderle, pero cuando se acercó al sabio, perdió toda su ferocidad y quedó cautivada por su dulzura.

Viendo a la serpiente, el santo dijo: "Bien, amiga mía, ¿quieres morderme?"

La serpiente quedó avergonzada y no contestó nada.

Al ver esto, el sabio agregó: "Escucha con atención, amiga mía; en el futuro no hagas daño a nadie".

La serpiente inclinó su cabeza en señal de asentimiento.

Cuando el sabio se fue, la serpiente entró en su cueva y, desde aquel día, comenzó a vivir una vida de inocencia y pureza, sin tener el menor deseo de dañar a nadie.

A los pocos días, se corrió la voz en el vecindario de que la serpiente había perdido todo su veneno y era inofensiva, y entonces, la gente comenzó a molestarla.

Algunos le tiraban piedras, otros la arrastraban desconsideradamente tirándola de la cola.

De este modo, sus sufrimientos no tenían fin.

Afortunadamente, después de cierto tiempo, volvió a pasar por aquel lugar el sabio, y viendo lo magullada y golpeada que se encontraba la pobre serpiente, se compadeció de ella y le preguntó la causa de tal calamidad.

A eso, la serpiente contestó: "Señor, he sido reducida a este estado, porque no he hecho daño a nadie después de haber recibido sus instrucciones. Pero, ¡ay!, ¡ellos son tan crueles!"

Sonriendo, el sabio dijo: "Querida amiga, yo simplemente te aconsejé que no hicieras daño a nadie, pero nunca te pedí que dejaras de silbar y asustar a los demás si era necesario. Aunque no debes morder a ninguna criatura, puedes mantener la gente a considerable distancia asustándola con tu silbido".

De modo similar, si tú vives en el mundo, haz que los demás te respeten.

No hagas daño a nadie, pero, al mismo tiempo, no permitas que otros te dañen a ti.

Sri Ramakrishna

Cuenta la Leyenda, que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía rápido con miedo, de la feroz depredadora, y la serpiente no pensaba desistir; Huyó un día, y ella no desistía, dos días y nada. Al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y le dijo a la serpiente:
¿Puedo hacerte tres preguntas?
la serpiente respondió:
- No acostumbro a dar este precedente a nadie, pero como igual te voy a devorar, puedes preguntar.
- ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
- No, contestó la
serpiente.
- ¿Yo te
he hecho algún mal?
- No, volvió a responder.
- Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?
- ¡Porque no soporto verte brillar........!
Así, muchos de nosotros nos hemos visto
envueltos en situaciones donde nos preguntamos: ¿Por qué me pasa ésto si yo no he hecho nada malo? Sencillo; porque no soportan verte brillar.
La Envidia, es el peor sentimiento que podemos tener. Que envidien tus logros, tu éxito, que envidien verte brillar. Cuando esto
pase, no dejes de brillar, continúa siendo tú mismo, sigue

dando lo mejor de ti, sigue haciendo lo mejor, no permitas que te lastimen, no permitas que te hieran, sigue brillando y no podrán tocarte, porque tu luz seguirá intacta, tu esencia permanecerá, pase lo que pase.

Dominio Público



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Lun 28 Jul, 2008 GMT

En la isla

Huey Lewis & The News - Stuck With You



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Mie 23 Jul, 2008 GMT

Un poema para siempre

Enamorada de la vida
te quiero
fragancia de mujer valiente
tal como eres, atrevida
sin importar lo que te diga
el resto del mundo, la gente

Enamorada de ti misma
te busco
misterio, luz en mi presente
en la distancia poesía
en mis oídos caricia
cuanto más cerca, más ardiente

Enamorada de mí
te sueño
mirada que encuentra tus ojos
deshojando hasta seducir
a esa mujer que hay en tí
palmo a palmo, poco a poco

Icar

Jue 26 Jun 2008 11:42 pm

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Lun 14 Jul, 2008 GMT

ESCUCHA...

Escucha...

Escucha…

¿En qué otro mundo de cerezas raras

oí tu voz? ¿En qué planeta lento

de bronces y de nieve, vi tus ojos

hace un millón de siglos? ¿Dónde estabas?

Fuiste agua hace mil años.

Yo era raíz de rosa, y me regabas…

Fuiste campana de pagoda, yo era

nervio del ojo que miró a tu bronce.

Nos hemos perseguido,

alma con alma, atravesando cuerpos

peregrinos de venas y latidos,

por pieles de animales, por estambres,

escamas, esqueletos, cortezas;

por mil cuerpos y sangres diferentes,

alma con alma, cincelando torres

de espíritu con lágrima y sonrisa.

Agustín de Foxá

Roxette, Listen to your heart: Escucha a tu corazón



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Dom 06 Jul, 2008 GMT

Provocaciones

Provocaciones

Cerca de Tokio vivía un gran samurai ya anciano, que se dedicaba a enseñar a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario. Cierta tarde, un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación. Esperaba a que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para reparar en los errores cometidos, contraatacaba con velocidad fulminante. El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha. Con la reputación del samurai, se fue hasta allí para derrotarlo y aumentar su fama. Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo acepto el desafío. Juntos, todos se dirigieron a la plaza de la ciudad y el joven comenzaba a insultar al anciano maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió en la cara, le gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus antepasados. Durante horas hizo todo por provocarle, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró. Desilusionados por el hecho de que el maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron: "¿Cómo pudiste, maestro, soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usaste tu espada, aún sabiendo que podías perder la lucha, en vez de mostrarte cobarde delante de todos nosotros?". El maestro les preguntó: "Si alguien llega hasta ustedes con un regalo y ustedes no lo aceptan, ¿a quién pertenece el obsequio?". "A quien intentó entregarlo", respondió uno de los alumnos. "Lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos -dijo el maestro-. Cuando no se aceptan, continúan perteneciendo a quien los llevaba consigo".

Vicky Larraz - Bravo samurai



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